En cada ocasión en que la agresión del Estado español contra Euskal Herria se hace visible y conmociona a buena parte de la sociedad, surgen inmediatamente y de forma casi instintiva los llamamientos a la unidad de los abertzales y, en general, de las fuerzas políticas, sociales y sindicales que consideran que la ciudadanía vasca debe ser dueña de su propio futuro y entienden que es preciso que preserve señas de identidad como su idioma. Así ha ocurrido, por ejemplo, cuando se han producido los ataques contra "Euskaldunon Egunkaria". El pasado 18 de octubre, tras las últimas detenciones de responsables del parque cultural Martin Ugalde y a la conclusión de una manifestación verdaderamente masiva en Donostia, Joan Mari Torrealdai sintetizaba la opinión de tantos abertzales haciendo un llamamiento a «todos aquellos que reconocen la identidad del euskara y de este pueblo, sin exclusiones». Demandaba que «partidos, grupos y asociaciones, por encima las legítimas diferencias, deben esforzarse por organizar una unidad de acción que haga frente al ataque del Estado». Esta unidad de acción para agrupar a los abertzales, por encima de sus diferentes proyectos finales, en el punto intermedio de la defensa del derecho de autodeterminación y la respuesta frente a los ataques del Estado, es especialmente factible en las elecciones a las Cortes españolas, en las que los partidos vascos no se juegan entre ellos el gobierno de ninguna institución y en las que, salvo para alguna carrera política personal, poco importa la consecución de un escaño más o menos. Es la oportunidad idónea para actuar como pueblo.
La izquierda abertzale hizo pública ayer una apelación en ese sentido a los agentes políticos, sociales y sindicales que en su gestación, preparación y presentación a sus interlocutores y a la sociedad evidencia notable profundidad. De hecho, los enemigos de cualquier acuerdo entre abertzales han salido prestos a intentar cortocircuitarlo y el portavoz del Gobierno español ha advertido incluso de su ilegalidad. Desde EA se han hecho también llamamientos a la creación de un bloque nacional y la palabra unidad está en boca de otros partidos. Ahora es el tiempo de la cocina política. De la discreción, la seriedad y la asunción de riesgos. De que el conjunto de los agentes de Euskal Herria, todos ellos, demuestren estar a la altura de lo que demanda la sociedad, aparcando los intereses partidistas y el tacticismo. -
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